Deben comprender el valor del amor de su madre, y cuánto se preocupa por ustedes. Deben dar a su madre la máxima prioridad. Algunas veces los jóvenes de ahora no se preocupan por sus madres. Creen que tienen una educación exquisita y que sus madres no saben nada. Es un craso error pensar así. Nunca menosprecien a sus madres. Las madres tampoco deberían obligar a sus hijos a que accedan a cada uno de sus deseos. Mediante el amor y la sinceridad, una madre debería poner a sus hijos en el camino correcto. Cada madre debería aspirar a que sus hijos sean buenos; no hace falta que sean grandes. -BABA-
"¿Realizáis una tarea difícil, lográis éxitos, salís victoriosos de una prueba? Procurad no vanagloriaros, sino decid: «No soy yo, Señor, sino eres tú a quien le corresponde el mérito», si no corréis el riesgo de sucumbir en la trampa del orgullo. Y cuando recibáis elogios y felicitaciones, permaneced vigilantes, no os apresuréis en tener una opinión tan buena de vosotros mismos, sino repetid: «No es a mí, Señor, a quien corresponde la gloria sino en tu Nombre». A menudo, sin saberlo, sin querer, los demás os tienden trampas: os tomáis tan en serio sus cumplidos que os volvéis presuntuosos, creéis que ya habéis alcanzado la cima, y esto es peligroso para vuestra evolución. Debéis trabajar para la gloria de Dios, y si os elogian, transmitid estas alabanzas a Él: es así como el lado impersonal y desinteresado de vuestro ser podrá desarrollarse. El Cielo os juzga según esta actitud. La verdadera gloria del discípulo consiste en glorificar al Señor."